algo mas que labores de abuelas

Hay placeres que se descubren con la edad, no hay duda que los años modifican nuestra forma de percibir algunas cosas. Por ejemplo el tricotar nunca ha estado entre mis prioridades, más bien, como la mayor parte de mi generación, crecí pensando que esta aburrida actividad era cosa de nuestras madres y abuelas. Ahora, a los 60, tengo que confesar que he cambiado de idea y no me sorprende ver como el hacer punto se ha convertido en una moda que arrastra a jóvenes de todo el mundo.

Tejer es una actividad muy gratificante, su resultado es algo que has creado con tus propias manos, que va adquiriendo forma poco a poco según tus propias decisiones y de acuerdo con el ritmo que quieras darle a la labor. Una actividad absorbente que te permite abstraerte pero al mismo tiempo muy sociabilizante, ya que se puede practicar en compañía y es una perfecta excusa para compartir tiempo con amigos.

Puede parecer algo puramente mecánico pero no es así, se trata de una actividad muy creativa, en la que ante cada nueva labor se deben planificar y decidir todos los aspectos que definirán el resultado final. No basta conocer la técnica, hay que imaginar y buscar solución para lo que deseas, combinar colores, punto adecuado, tipo de lana, grosor de agujas, medidas y número de puntos o pasadas… y todo sin patrones, depende de tu forma de hacer.

Por otra parte es algo muy relajante, requiere tu atención y eso te permite dejar la mente en blanco. Centrada en lo que haces, el tiempo pasa volando y las preocupaciones se olvidan rápidamente. No se requiere sin embargo una concentración total y por lo tanto puedes realizar otras actividades como escuchar música, ver una película o conversar, mientras mueves las agujas.

Tricotar es un maravilloso descubrimiento si tienes que hacer compañía a una persona muy mayor. Todos lo que compartimos parte de nuestro tiempo con ancianos sabemos lo difícil que es encontrar un entretenimiento que les resulte gratificante. Yo lo encontré en las agujas y los ovillos. Con la excusa de aprender a hacer punto pasamos las tardes sin darnos cuenta, tejemos en paralelo, hablamos sin miedo a los silencios porque los cubre la música que elegimos cada tarde para hacernos compañía. Sin duda se ha creado una empatía compartiendo los ovillos. La sensación de ser útil mejora el ánimo de quienes tienen ya pocas ilusiones.

Una actividad totalmente recomendable para potenciar la relación intergeneracional. Existen multitud de iniciativas basadas en esta idea. En la red podemos ver modelos de negocios, redes de acción social, e iniciativas de todo tipo que giran alrededor de unas agujas y una persona mayor que las hace moverse tejiendo para los demás.

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fotografía de la web tricotar.com

 

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