ciudades adaptándose al cambio

El envejecimiento de la población es uno de los grandes retos sociales del siglo XXI y ya existe un proyecto internacional para ayudar a las ciudades a prepararse ante el gran cambio demográfico de los próximos años que podrá orientarlas en la mejora de factores medioambientales, sociales y económicos que influyen en la salud y el bienestar de las personas mayores.

A nivel mundial la proporción de personas de más de 60 años de edad se duplicará de 2006 a 2050, pasando de un 11% a un 22%. Al mismo tiempo se acentuará el carácter urbano de la población, se calcula que en 2030 aproximadamente tres de cada cinco personas vivirán en ciudades.

Según el Dr. Alex Kalache, que fué Director del programa de la OMS Envejecimiento y Ciclo de Vida. “Las personas de edad se están concentrando en las ciudades y lo harán cada vez más”, “Aproximadamente un 75% de las personas de edad que viven en el mundo desarrollado son residentes urbanos, y se prevé que su proporción aumentará a un 80% en 2015. Lo más espectacular es que en los países en desarrollo el número de personas de edad residentes en ciudades aumentará de 56 millones en 2000 a más de 908 millones en 2050”.

Ante esta densificación y envejecimiento de la población, las ciudades deben replantearse muchas cosas y los planificadores urbanos empiezan a redefinir los espacios y servicios que las hagan más habitables. Se trata de crear entornos urbanos, físicos y sociales, que favorezcan un envejecimiento saludable y activo y una buena calidad de vida para sus residentes de más edad.

Los mayores desempeñan una función esencial en la sociedad, pueden colaborar en labores remuneradas o voluntarias, transmiten experiencia y conocimientos, ayudan a sus familias, pero sólo se puede contar con este retorno social si gozan de una buena salud y si la sociedad atiende a sus necesidades. Construir ciudades y comunidades adaptadas a la tercera edad es uno de los planteamientos políticos locales más efectivos para paliar al envejecimiento de la población. Un adecuado entorno físico y social es determinante para que las personas puedan mantenerse saludables, independientes y autónomas durante su vejez.

La Organización Mundial de la Salud puso en marcha en 2006 un proyecto para adaptarse a estos cambios. En la publicación The Global Age-friendly Cities Guide identifica los principales elementos del entorno urbano que pueden facilitar un envejecimiento activo y saludable y establece el marco para evaluar la adaptación de las ciudades a las necesidades de los mayores. Aborda ocho dimensiones: entorno construido, transportes, vivienda, participación social, respeto e integración social, participación cívica y empleo, comunicaciones, y servicios de apoyo comunitario y de salud.

Una ciudad “amiga de los mayores” promueve, entre otras medidas,  los desplazamientos a pie por la ciudad y el disfrute de espacios verdes urbanos disponiendo de asientos públicos bien ubicados, baños públicos limpios, seguros y en condiciones de accesibilidad, aceras bien mantenidas e iluminadas. En los servicios de transporte los conductores de autobús esperan a que las personas de edad se hayan sentado antes de volver a poner en marcha el vehículo y disponen de asientos prioritariamente destinados a ellas en autobuses y paradas. Prevee viviendas integradas en la comunidad que permiten dar cabida a la evolución de las necesidades y capacidades de las personas a medida que avanza su edad. Planifica servicios públicos y comerciales próximos a los lugares donde reside la gente, en lugar de concentrarlos fuera de la ciudad. Proyecta edificios públicos plenamente accesibles para las personas con discapacidad y exige plazas de estacionamiento reservadas para ellas. Proporciona información y servicios de manera amigable y personalizada, con información escrita bien visible y en lenguaje claro. Pero sobre todo, defiende una cultura cívica que respete e incluya a las personas de edad.

Como podemos ver se trata de medidas que benefician a las personas de todas las edades, no sólo a los mayores, haciendo más habitables las ciudades. La OMS se ha comprometido a difundir esta guía y promover su aplicación a escala mundial mediante la Red Mundial de la OMS de Ciudades Amigables con las Personas Mayores. Este esfuerzo internacional para abordar los factores ambientales y sociales que contribuyen a un envejecimiento activo y saludable ha conseguido que 287 ciudades de 33 países distintos formen ya parte de esta red.

En España ya están trabajando con la Red 39 ciudades, entre ellas Barcelona, Zaragoza, Madrid, Bilbao, Castellón… y ahora el ayuntamiento de Valencia anuncia que adaptará ordenanzas y destinará partidas presupuestarias para ser también urbe amigable porque sus 200.000 mayores pueden alcanzar el medio millón en el 2050. Nuevas exigencias en edificaciones y calles, adaptación del transporte público, entornos más seguros, programas de voluntariado y planes contra la soledad son algunas de las iniciativas que se llevarán a cabo.

Según Joan Calabuig, teniente de alcalde y concejal de Personas Mayores del ayuntamiento de Valencia se trata de tomar medidas preventivas y “adelantarse a los acontecimientos”, “una acción transversal, que afectará a numerosas áreas de la gestión municipal: viviendas y edificios, barreras arquitectónicas, transporte, seguridad, redes de apoyo social, empleo, inclusión social, sanidad, servicios sociales, aire libre o cultura”. Está previsto desarrollar medidas para mejorar la accesibilidad de los edificios y de las calles, así como que los transportes públicos sean más asequibles a las personas mayores. Se procurarán entornos seguros, con parques de fácil acceso y rutas seguras. Y se profundizará en los planes de voluntariado, pues las personas mayores constituyen el grueso de los voluntarios que atienden a este colectivo, lo que puede mantener activos a unos y atendidos y acompañados a otros.

Una ciudad amigable con las personas mayores, según la OMS permitirá conseguir que los mayores lleven una vida más sana, de forma que los años extra que la humanidad va alcanzando pueden ser tan productivos como los de la juventud y la madurez. De esta forma se disminuye el coste social causado por este cambio en la edad de la población y las ciudades y los ciudadanos de las que se adapten tendrán ventajas sobre las que no logren hacerlo.

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