la rebelión de las masas

El Consejo Nacional Suizo decidió recientemente aumentar la edad de jubilación de sus ciudadanos al entrar en déficit su fondo de pensiones. Siempre se ha considerado a los suizos un pueblo tranquilo, educado, ordenado y cívico, que se compromete socialmente en el bien común. Sin embargo, en esta ocasión se han manifestado claramente en contra, el 63% de los suizos rechaza la noción de retirarse a los 67 años, un 14% (suponemos que propietarios de las famosas cuentas bancarias) no tiene una opinión, tan sólo el 23% de la población está a favor de aumentar la edad de jubilación.

Es evidente que las medidas para retrasar la jubilación son siempre impopulares. En Francia, las protestas contra la reforma de las pensiones en 2010 unieron a tres millones de personas que deseaban mantener la edad de jubilación a los 60. A nadie le gusta despertar de su sueño y a medida que nos acercamos a la edad fijada para la jubilación todos empezamos a soñar con una vida diferente, un remanso de paz en el que el día sea enteramente nuestro. Por muy bien que envejezcamos, los años restan vitalidad y el día queda muy corto si la mayor parte de la energía se despliega en el trabajo. Si hay que prolongar la vida laboral será necesario tratar de flexibilizar las medidas, buscar soluciones que compatibilicen explotar experiencia sin explotar a las personas. Trabajar no está reñido con sentirse bien, cumplir un horario laboral al uso y tener que competir con los compañeros, sí.

Hemos hablado muchas veces de mayores activos, de profesionales que prolongan su vida laboral porque les gusta su trabajo y disfrutan haciéndolo. En los medios de comunicación aparecen frecuentemente.

Alla Illyinichna Levushkina es una cirujana que a los 89 años todavía realiza cuatro operaciones cada día en Ryazan City Hospital, cerca de Moscú. Para ella ser médico no es sólo una profesión, sino un estilo de vida. Sigue trabajando porque es interesante para ella, porque le gusta ayudar a la gente y conseguir un éxito tras otro en el quirófano. No cree que retirarse le ofrezca mayores satisfacciones.

Barbara Beskind, una diseñadora de 91 años que, en 2013, envió su solicitud de trabajo a Ideo, una conocida empresa de diseño global en la que ahora ayuda a desarrollar productos adecuados para ancianos. Según ella, para los jóvenes es bastante difícil imaginarse a sí mismos en el futuro, pensar en la vida cotidiana de un anciano y detectar sus necesidades. Su propia edad y experiencia le permiten proyectar sus vivencias para que la empresa acierte en las soluciones, como comentábamos en nuestro artículo ponga un senior en su vida. Se ha hecho imprescindible en su grupo de trabajo, normalmente trabaja un día a la semana, un coche la deja en la puerta y vuelve a por ella por la tarde.

Florence Rigney, enfermera de 90 años, celebró sus 70 años de servicio rodeada de sus compañeros y trabajando en el Hospital General de Tacoma, en Washington. Ha reducido su ritmo de trabajo a dos días por semana en los que sigue ejerciendo su profesión de toda la vida, lo que quiso hacer desde niña, una vida de dedicación a la enfermería en la que la experiencia cuenta mucho.

Tres mujeres de armas tomar. Tres profesionales que han hecho del trabajo su vida. Pero el puesto de trabajo también se ha adaptado a ellas. Dedicación, experiencia, reconocimiento son las grandes bazas de los trabajadores canosos, pero son imprescindibles facilidades para ejercer tu día a día. Con la cabeza canosa no siempre es fácil disfrutar en el trabajo, abundan los jóvenes trepas a los que estorbas en su escalada, y los jefes barbilampiños y siempre inseguros, a pesar de sus masters, a los que les molestan los puntos sobre las íes. Cuando el ambiente se tuerce ya no merece la pena el esfuerzo, conviene distanciarse del puesto de trabajo, y si además te molestan las articulaciones hazlo cuanto antes, mejor a los 60 que a los 70 porque esta sociedad parece ser propiedad de los jóvenes y nosotros todavía tenemos muchas cosas por hacer que pueden llenarnos la vida.

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Alla Illyinichna Levushkina, fotografía de Getty Images // Florence Rigney, fotografía de KOMO News photo // Barbara Beskind, fotografía de Gus Ruelas

 

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